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CUBANET| ARTICLE | CON MI CASA NO SE QUEDA NADIE

27 Sep 2018 12:50 PM | Silvia G. (Administrator)


“Con mi casa no se queda nadie… ¡que derrumben el edificio!


LA HABANA, Cuba.- Eradio López García y María Vilorio Dimas son dos ancianos que a base de sacrificios lograron construir un buen hogar donde pasar sus últimos años. Sin embargo, la vivienda, corre el riesgo de reducirse a escombros durante el inminente derrumbe del edificio contiguo.

Ubicada en la calle Aponte (antigua Someruelos) número 201, entre Misión y Arsenal, La Habana Vieja, la casa del matrimonio ya sufrió un impacto producido por el desprendimiento de una de las paredes del edificio.

El resto del inmueble, de 18 metros de altura y fabricado en los primeros años del siglo pasado, pudiera desplomarse en cualquier momento y acabar no solo con el domicilio de Eradio y María (con una diferencia aproximada de 15 metros de altura entre ambas estructuras), sino con sus vidas y la de los transeúntes habituales en la céntrica zona.

Ambos cuentan que a finales de la década de los 80 (no se precisa la fecha exacta) el edificio fue declarado en peligro de derrumbe, pero sin más opciones los moradores continuaron ocupándolo hasta julio pasado cuando un desplome obligó que el último residente abandonara el lugar.

En los derrumbes, los apartamentos del nivel superior del edificio ubicado al otro extremo (Aponte 205), sufrieron daños que aunque superficiales (unos tres metros de diferencia separan la cima de ambas construcciones), determinaron que algunos propietarios trasladaran a miembros de sus familias a sitios más seguros.

Según Vilorio Dimas, ante el evidente desplome de los restos de la estructura, en 2005 los vecinos iniciaron los trámites para su demolición. Sin embargo, tras varios años de reclamos y promesas por parte del gobierno municipal, los institutos de Vivienda y Planificación Física, el ‘fósil’ aún continúa de pie.

“Un Teniente Coronel retirado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que vive en Aponte 205, a nombre de todos los vecinos envió cartas a todos los lugares, incluyendo los Consejos de Estado y de Ministros. Hasta ahora ni siquiera han respondido”, comentó Vilorio Dimas.

El pasado año, argumenta, una vez más acudió a las autoridades para intentar gestionar la demolición. En la oficina municipal de Vivienda la remitieron al gobierno local, donde debía contactar a “un compañero de apellido Rosado”, responsable de las demoliciones en el municipio.

“Pero ni Rosado, ni Verde, ni Amarillo, nadie resolvió el problema”, dijo Vilorio Dimas, quien amplía que el funcionario alegó no haber procedido debido a que las grúas disponibles se encuentran trabajando en los hoteles de turismo.

Cada inclemencia climática se traduce en un nuevo desafío para el matrimonio de ancianos, que subsistiendo de la escueta pensión que reciben los jubilados cubanos, no cuenta con fondos para reparar los daños que causaría el derrumbe total del edificio.

El pasado 4 de julio un aguacero acabó desplomando el interior de los pisos y algunos restos de paredes cayeron sobre la cubierta de la casa de Eradio y María, quienes previendo poco a poco han llenado el techo de unas viejas gomas de auto que supuestamente amortiguarían la caída de escombros.

En Aponte 205 los vecinos sufrieron la pérdida de varios tanques de agua, los cuales en el mercado estatal se cotizan a más de 2 mil pesos.

De acuerdo con López García, tras el derrumbe ese día finalmente aparecieron las autoridades. Según recuerda, todos repetían que el problema tenía que solucionarse ipso facto, aunque desde entonces han transcurrido dos meses y varios aguaceros sin que más nadie se presente en el sitio.

Como solución, López García relata que el gobierno les pidió abandonar la vivienda para trasladarlos hacia un albergue.

“¿Un albergue? Pero si mi casa, como usted puede ver, no presenta más problemas que el amenazante derrumbe del edificio”, subrayó López García,  y tras un suspiro exclamó: “con mi casa no se queda nadie, está en perfecto estado. ¡Que derrumben el edificio, eso es lo que tienen que hacer!”

A pesar del peligro y la absoluta inhabitabilidad del edificio, destruido y sin servicios sanitarios, de electricidad y agua potable, uno de los antiguos moradores sin lugar donde dormir ‘se cuela’ para pernoctar o descansar durante el día.

“La policía lo ha sacado más de tres veces, pero retorna escurrido porque al parecer no tiene familia que lo recoja. Lo penoso es que también es un anciano”, señaló López García.

Mientras aguardan las prometidas grúas, para Eradio y María “las noches son grises” y muchas veces, cuando llueve, las pasan sentados en un sillón temiendo que en cualquier momento su casa pueda ser bombardeada por los restos del Aponte 203.

Cansados de pedir la ayuda de las autoridades, de manera infructuosa, las viejas gomas sobre su techo son la única protección que han encontrado para evitar que pase lo peor.


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